Músicas de la ciudadDesde que la Coordinadora pusiera en funcionamiento la "Primavera Cultural" en la década de los ochenta en la que muchas asociaciones participaban con corales de música sacra y folclórica formadas por miembros de las mismas y otras potenciaban la presencia de cantautores y pequeños grupos de pop del barrio o del pueblo en el que la asociación estaba enraizada, la creación de un espacio de encuentro, intercambio y reflexión conjunta parecía fundamental para llevar a cabo el desarrollo de una cultura participativa en la que los ciudadanos fueran los productores del arte. En el caso de la música el problema siempre ha sido doble: para los coros, la necesidad de un espacio adecuado para ensayar y el coste elevado de profesionales en funciones de dirección de coro que pudieran preparar al mismo de manera conveniente. Igualmente una formación musical de la voz resulta especialmente problemático en aquellos lugares en los que no existen academias de música y canto y, sobre todo, allá donde no hay costumbre de cooperación en un medio tan elitista, en muchos casos, como es la música clásica. También el problema ha sido para los grupos de rock y de música pop. A las necesidades de instrumentos y medios técnicos (amplificadores, guitarras, bajos, baterías, etc.) se añade la imposibilidad de disponer de locales insonorizados donde poder ensayar. Algunos ayuntamientos gestionan espacios para poder reunirse pero en general no existe oportunidades. La labor organizativa de las asociaciones puede crear una alternativa cultural a los jóvenes en sus propios barrios y pueblos.
La Coordinadora a través del fomento de la asistencia a conciertos y eventos musicales, así como a través de los dioramas musicales, intentó entrelazar, en una primera fase, el interés por la música clásica y la música contemporánea. En nuestros análisis hemos observado que hay una clara ilusión en los miembros de los coros por imitar la altura estética de los profesionales de la música, pero al mismo tiempo hay una limitación porque el tipo de música queda circunscrita al ámbito de los programas clásicos de la tradición italiana, francesa y española. La Muestra intenta cruzar, en una segunda fase, este tipo de corales con la música procedente de otras latitudes (andina, hindú, africana, etc.), concentrando la reflexión, tal y como se pretende con los otros dos modelos de muestras, en torno a las razones de la música, estableciendo su necesidad humana más allá de la simple proyección del gusto culto en el gusto popular. Esta labor es más complicada en tanto que son pocas las oportunidades de traer coros de otros países o profesionales que puedan plantear talleres de utilización de la voz y la música.
Esta intersección es, al fondo de todo, una forma de comunicación, de transculturalidad, de mezclas musicales que amplifican nuestras maneras de oír pero también nuestra manera de entender a los otros.No escapa a nadie la proliferación de cantantes urbanos (con diferentes estéticas: rock, popular, etc.) en transportes públicos, en la calle o en ferias. Tampoco que la mayoría de los mismos proceden de otras partes del mundo. Estos sonidos de la ciudad han transformado el espacio sonoro que habitamos. Ritmos diferentes, instrumentos extraños, melodías sensitivas apelan a una vida interior de los ciudadanos que les falta experimentar. La Muestra se propone reunir todos esos sonidos de la ciudad en un tiempo concreto y en diferentes asociaciones sacándolas del consumismo apropiado para las fiestas del barrio o del pueblo que sea para llevarlo ante la escucha atenta que se presta en el Auditorio Nacional, invirtiendo la imitación del gusto por la imitación de la inteligencia. La escucha y el intercambio social de la música es otra manera de cambiar la vida rutinaria y autocomplaciente, en muchos casos, de muestras sociedades satisfechas. En todos los rincones de la ciudad, desde una esquina hasta una estación de metro, hay una música que nos habla y nos cuenta. Intención básica de la Muestra es llevarla hasta el interior de las asociaciones, dejarla a pie de calle (como queremos hacer con el teatro y el cine), meterla en las casas no a través del transistor y la publicidad, no mediante la televisión y las grandes imágenes sino a través de las historias que cuentan, de los lugares que evocan y de la belleza con que contrastan.
La Muestra es un medio de crear redes culturales a través de la música y del diálogo social.